“El aula en tiempos de algoritmos, pantallas e inmediatez”
¿Cómo habitar y resignificar la enseñanza en diálogo con lo que sucede dentro y fuera de las instituciones educativas?


    En el contexto actual, atravesado por transformaciones culturales, tecnológicas y sociales de gran alcance, resulta especialmente pertinente generar espacios de reflexión colectiva en el ámbito educativo. Las prácticas de enseñanza no pueden pensarse al margen de los cambios en los modos de acceder a la información, producir conocimiento y vincularse con otros, profundamente mediadas por entornos digitales. En este sentido, la Décima Jornada de Innovación y Práctica Docente se presenta como una oportunidad para problematizar estas transformaciones, revisar supuestos pedagógicos arraigados y analizar de qué manera los emergentes culturales, como la cultura digital, los algoritmos o la inteligencia artificial, interpelan la dinámica del aula y el rol docente.

    La complejidad del escenario actual exige trascender miradas simplificadoras, ya sea de adhesión acrítica o de rechazo total frente a las tecnologías. Instancias como esta jornada permiten habilitar el diálogo entre docentes de distintos niveles y trayectorias, favoreciendo la construcción colectiva de criterios pedagógicos situados, que contemplen tanto los desafíos como las oportunidades del contexto contemporáneo.

    ¿Cómo formar estudiantes capaces de participar activamente en la cultura digital sin quedar expuestos a sus usos más problemáticos? ¿De qué manera habilitar el acceso y la apropiación significativa de las tecnologías sin promover dinámicas de dispersión, dependencia o superficialidad? ¿Cómo construir en el aula experiencias de aprendizaje que integren lo que sucede fuera de ella, sin perder el sentido formativo que le es propio? ¿Cómo dar lugar a las formas contemporáneas de consumo cultural digital y a sus modos de expresión, reconociéndolos como parte de los procesos de aprendizaje sin renunciar a su problematización crítica?

    Estas preguntas invitan a pensar el equilibrio como una construcción situada, que exige decisiones pedagógicas conscientes, sostenidas en el tiempo y abiertas a la revisión permanente. En este juego de equilibrio se encuentra, en gran medida, la posibilidad de una educación que dialogue con su tiempo sin renunciar a su potencia transformadora.