PASTORAL UNIVERSITARIA

GUALEGUAYCHÚ

Pastoral Universitaria Gualeguaychú (PUG) - Grupo San José - Gualeguaychú

E-mail: pastoraluniversitariagchu@hotmail.com 

Palabras de nuestro Obispo

MONS. JORGE LOZANO EN BRASILEl Papa a los jóvenes: "No dejes pasar la vida en vano"

El Jueves 10 de Mayo por la noche, miles de jóvenes acudieron a la cita en el Estadio de Pacaembú. Tribunas y campo de juego  colmados; varias decenas de miles de jóvenes participaron desde afuera por medio de pantallas ubicadas en un playón contiguo al estadio.

El Encuentro se desarrolló con sobriedad técnica: se oía y veía muy bien; pero no hubo efectos especiales ni sobre-producción. Esto ayudó a que lo más importante y valioso sea lo acontecido en cada uno, en el corazón.

Es significativo que en el primer viaje de Benedicto XVI a América Latina, su primer encuentro masivo sea con los jóvenes. Podemos decir que había un anhelo, un deseo mutuo de compartir miradas, palabras, abrazos, que no admitía dilaciones. El lema: "Joven, discípulo y misionero de Jesucristo". Hubo cantos, baile, oración, fiesta, palabras, gestos. Intentaré comentarles algunos significativos.

Una de las primeras canciones expresaba preocupación por la Amazonia, el agua, la vida. El estribillo repetía: "es prohibido quemar, es prohibido matar". Un joven había introducido el canto diciendo: "soñamos una mejor calidad de vida, soñamos con la vida desde el verde de Amazonia hasta la más sufrida de nuestras favelas"

Algunos jóvenes, en representación de todos, presentaron al Papa sus angustias y preocupaciones, sus anhelos y esperanzas. Rescaté algunas frases casi textualmente:

  "Las angustias de los jóvenes necesitan corazones capaces de escuchar y recibir"

  "Solo el amor hará callar las armas de la guerra"

  "Soñamos con una humanidad feliz" "¿Es esto una quimera?"

  "¿Cómo hacer para que todos vuelvan a la escuela?"

  "Son muchos los jóvenes excluidos, sin derecho al trabajo o educación. Son empujados al delito, la droga, la prostitución"

  "No se imagina la fuerza que usted nos da. Rece por nosotros; ténganos en su corazón"

  "Necesitamos familia que nos cuide y nos ame"

El Papa respondió con ternura. Después de proclamar el Evangelio del "Joven Rico", comenzó su mensaje: "Queridos jóvenes, queridos amigos y amigas...". Habló del cuidado de la naturaleza frente a la devastación ambiental. ¿Cómo se plantean los jóvenes el vivir en plenitud?. ¿Qué hacer de la vida exuberantemente bella? ¿Qué hacer para que la vida tenga sentido y no transcurra inútilmente?

Dos palabras fueron propuestas como actitudes necesarias: coherencia y autenticidad.

Benedicto insistió: somos obras también de nuestras manos. No dejes pasar la vida en vano; que no se te escape, que no se te escurra.

También se refirió a los miedos de los jóvenes, especialmente el miedo a la muerte.

Al hablar del amor, puso como modelo a Jesús, que entregó la vida por amor. El amor es existir para otro, donarse a otro. Por eso la felicidad está en la fidelidad en la entrega. Pidió a los jóvenes valorar y apreciar el sacramento del matrimonio con el cual Jesucristo enaltece el amor.

Al concluir pidió a los jóvenes conservar altos los elevados ideales de la fe y solidaridad humana. Sin el rostro de los jóvenes la Iglesia estaría desfigurada.

Durante las tres horas que duró el Encuentro hubo mucha emoción. La última canción seguida por todos ponía en labios de Jesús: "Yo se bien lo que has vivido, lo que has llorado, lo que has sufrido. Pues he permanecido a tu lado y nadie te ama como yo".

En cada rostro los ojos se humedecían por motivos diversos según cada corazón. Llantos de alegría. Al fin palabras de vida y esperanza.

 

                                                                            Mons. Jorge E. Lozano

                                                                           Obispo de Gualeguaychú

                                                                  Delegado de la Conferencia Episcopal

                                                                  Argentina para la Pastoral de Juventud

 
 
 
 

Paco presente, libertad ausente

Por Jorge Lozano
Para
LA NACIÓN

Paco llegó para quedarse. No es un visitante temporario, no es un turista. Se ha instalado entre nosotros. Está en la escuela, el club, la esquina, el boliche, la cancha. A veces manda a alguna de sus malas compañías: el alcohol, la marihuana, el pegamento; con ropa más fina o más ordinaria, pero complotados para el exterminio, unas veces le allanan el camino y otras completan su obra.

Por más que le demos casi un sobrenombre simpático, paco es una bestia apocalíptica que pisotea, destruye y mata. Como las peores de las fieras depredadoras, sólo le interesa destruir.

¿Estaremos ante un flagelo tan serio que pone en riesgo el presente y el futuro de nuestros jóvenes? ¿A cuántos tenemos que ver padecer y morir para llamarle genocidio? Con cada uno que "se anima" a probar o es empujado al consumo, somos muchos los que fracasamos: familia, amigos, escuela, iglesia, barrio La sociedad toda.

En esta lucha, estamos perdiendo. El tejido social desgastado en los años 90 se volvió muy frágil para sostener, para hacer "el aguante" a tanta angustia y decepción. No hubo en estos ámbitos programas serios. Sí hubo un sistema infernal que se ocupó (y se ocupa) de generar consumidores, distribuidores, controladores, buchones, coimeros. Se perdió soberanía sobre nuestros jóvenes y sobre algunos territorios mal llamados "liberados".

Sin ser excluyentes, hay cuatro aspectos que son núcleos centrales en esta problemática: la articulación mafiosa, los adultos ausentes, la pobreza y la carencia del sentido de la vida en los jóvenes.

La droga tiene que ver con el crimen organizado por dinero. El narcotráfico, la trata de personas, la venta de armas, son grandes negocios. La corrupción y la mentira son sus aliados. Se organizan con armas y equipamiento. Compran voluntades, palabras o silencios. Oprimen a barriadas enteras con el miedo y la violencia. Solventan campañas políticas. Lavan dinero en la industria de la construcción (verdadero boom inmobiliario), lugares de juego, compra y venta de deportistas. Secuestran, torturan y matan. Contratan mano de obra barata para distribuir y colocar sus "productos".

Las organizaciones criminales disputan y copan territorios. Se mueven con impunidad. Los jóvenes de Sendero Luminoso de Perú hoy organizan el narconegocio que mata. También los de las FARC de Colombia. ¿Y cuántos otros? ¿Qué sucedió para que un individuo que estaba dispuesto a dar la vida por una sociedad justa hoy se haga opresor de la juventud? Se han convertido en aquellos que decían combatir, cipayos de la sinarquía internacional del dinero.

Llama la atención la ausencia de sanción del delito. No se percibe decisión vehemente y firme por denunciar, perseguir y desmantelar las organizaciones de los traficantes de muerte. Son como nidos de víboras, que se sabe dónde están pero en los que nadie quiere poner mano.

La materia prima, que se cosecha en Bolivia, Perú, Colombia, pareciera desmaterializarse en sus países de origen, y recobrar consistencia de manera espontánea en "cocinas" de La Matanza. Cada tanto, se secuestra algún cargamento, pero ¿qué pasa con nuestra soberanía aérea, terrestre y naval?

No se ejerce una fuerza proporcional al daño y poder de estos mercaderes de la muerte.

Es común oír: "No se le puede pedir todo a la escuela" en boca de algún funcionario. Tampoco se le puede pedir todo a la familia que está desarticulada; no se le puede pedir todo al municipio, a la policía, a la Justicia Como si fueran ventanillas diversas o dependencias que funcionan en distintas sucursales. Los adolescentes y jóvenes nos piden todo en la escuela, en casa, en el barrio. Sólo uniendo voluntades y no fragmentando responsabilidades se logrará algo.

La inoperancia y la lentitud parecen ser competencia de todos; resolver el problema, de nadie. Todos dicen estar desbordados, con una sobredosis de tarea y burocracia que no les permite actuar. ¿A quiénes beneficia esta situación? ¿A los adolescentes y jóvenes? Claro que no.

Esta realidad de debilidad social para enfrentar el problema se apoya en adultos a veces incapaces de escuchar a los jóvenes, de acercar el corazón, de marcar algún límite. Pareciera percibirse una especie de "miedo a los jóvenes", a no tener respuestas adultas a sus cuestionamientos.

Pobreza, exclusión, falta de trabajo. Barrer bajo la alfombra lo que nos pasa y mirar otra realidad imaginaria es lo peor que podemos hacer. Imposible la escolarización, en la escuela actual, aunque la ley disponga la obligatoriedad hasta completar el ciclo secundario.

Duele el silencio de esta situación en la ley de Educación aprobada hace tan pocos meses. No se tiene en cuenta a los repitentes habituales, los que abandonan el sistema o son expulsados por él; los que llegan a clase alcoholizados o dados vuelta.

Paco sigue libre. Sus colaboradores y secuaces también. Sus consumidores, cada vez más esclavos. El índice de desocupación en los jóvenes es el doble del promedio nacional. Están más expuestos al precipicio de la nada.

Paco es una droga barata. Te mata el hambre, te mata el frío, te mata Y mata preferentemente a los más pobres. Los va desmoronando en cámara lenta. A otros los empuja al delito cada vez más violento. Poco vale la vida propia y menos aún la vida de los demás, sean ellos vecinos, ricos, pobres, policías, ancianos.

Paco está despenalizado. Es inimputable. La mejor prevención -acaso la única perdurable- tiene que ver con generar conductas no adictivas, y la única manera de generar conductas es a partir de fortalecer valores. Porque poco se logra con el no a la droga sin un fuerte a la vida. A una vida que merezca ser enfrentada cada día, con desafíos a la medida humana y joven. Vale el esfuerzo de salir a buscar trabajo si en algún momento se encontrará uno, vale estudiar si podré ejercer esa profesión, vale el amor si se puede y se alienta a formar una familia; vale participar en política si buscamos el bien común, vale confiar en la justicia si se dará a cada uno lo que corresponde.

¿Estamos apostando a fortalecer la familia? ¿Estamos ayudando a los adolescentes y jóvenes para que se entusiasmen por el amor y la fidelidad? ¿Los estamos incentivando a que estudien porque vale la pena?

Mientras en el aula, en casa, en la televisión y la radio le digamos cosas contradictorias, poco les ayudamos a afianzar conductas y valores.

Los jóvenes se sienten sin raíces obligados a afrontar un presente fugaz y un futuro incierto. Muchas veces no encuentran adultos disponibles a la escucha y la comprensión. La palabra a-dicto es de raíz latina: "no decir" hace referencia al que "no habla, no cuenta lo que le pasa".

La drogadicción en los jóvenes no es sólo un problema de "sustancias", es un problema de cultura, de valores, de conductas, de opciones (opciones posibles, claro). Es expresión de un malestar profundo, lo que algunos llaman "vacío existencial". Experiencias de padres autoconvocados son valiosísimas y hay que promoverlas. Sólo el amor por los jóvenes podrá movilizar fuerzas creativas de cambio. El espanto sólo saca de nosotros queja, miedo y paraliza. Valorar la vida como un don a desarrollar cargado de sentido. Todo un desafío no apto para mediocres.

El autor es obispo de Gualeguaychú, delegado para
la Pastoral de Juventud por la Conferencia Episcopal Argentina

 
 
 
 

Noticias de Revista   9 de agosto de 2009  -  Niñas y púberes son arrancadas con falsas promesas

UN PELUCHE EN EL PROSTÍBULO    Mons. Jorge Eduardo Lozano

Un peluche en el prostíbulo

Niñas y púberes son arrancadas con falsas promesas de sus humildes hogares y obligadas a ejercer la prostitución. La denuncia del obispo de Gualeguaychú, autor de esta nota, es un grito contra el silencio y la complicidad

 

Daniela tiene 13 años y está en 6to. grado en una escuela del norte argentino. Cuando forman en el patio de tierra colorada para izar la Bandera de la Patria, ella es la más alta. Se atrasó dos años porque ayuda en casa cuidando a sus hermanitos y a algunos hijos de los vecinos. Es una tarea que desarrolla muy bien y le gusta. De grande dice que va a ser maestra jardinera.

Una vecina le contó a su mamá de una sobrina que trabaja en Buenos Aires cuidando los hijos de una familia de plata: "A Verónica le va muy bien. Gana unos pesos y le hacen estudiar el secundario. Si sigue así, dicen que va a ir a la facultad".

La oferta era buena. A la Rusita -así le dicen a Daniela por sus cabellos rubios y ojos claros- le gustó la idea. Además, también en esos meses se habían sumado para probar suertes parecidas Maribel, Celeste y Guanda, que eran de familias conocidas de unos pueblos cercanos.

La despedida fue sencilla y sin mucha emoción. Daniela llevaba puesto un vestido rosado con puntillas blancas y los zapatos de la comunión, que le apretaban un poco, pero eran los únicos que tenía. Como estaba lloviendo mucho fue inevitable salpicarse con barro colorado. Las habían ido a buscar dos matrimonios en dos autos. Antes de partir se sacaron varias fotos con toda la familia y algún vecino.

Daniela llevaba un bolso pequeño y un osito "aviador" de peluche. Desde chiquita soñaba con poder mirar cómo serían las casas y los árboles desde el cielo.

Después de andar unas 5 horas pararon en una estación de servicio. Mientras compraban unas galletitas, sonó el celular de uno de los matrimonios. Con cara de preocupación uno de los hombres les dijo que las familias de Buenos Aires habían tenido que viajar de urgencia por unos días, y que esperarían en una casa por ahí cerca hasta que regresaran. Ya estaba entrando la noche. Hicieron dos horas más de viaje y algunas se durmieron. Llegaron a una casa rara y oscura cerca de una ruta, y allí las dejaron. Nunca más vieron a esos matrimonios.

Dos hombres y una mujer grandes llevaron a las cuatro chicas a una pieza con dos camas. Allí iban a dormir. Les dijeron que para pagar la comida de "esos días" y mandar plata a casa iban a tener que acostarse con algunos hombres y hacer lo que ellos les pidieran. Cuando Maribel dijo que no con un grito, la mujer le dio un sopapo que le hizo salir sangre de la boca, y uno de los hombres le pegó con el cinturón. Después se la llevaron, dijeron que a otra casa.

A las tres les sacaron la ropa que tenían puesta y les dieron ropa de "mujeres grandes", que ellas no conocían. Ellas sabían que dejar que los hombres les hicieran cualquier cosa estaba mal. Una vez la mamá de Guanda le contó que un vecino había violado a su sobrina y cómo le había arruinado la vida a la pobrecita. Ellas también habían escuchado que alguna compañera de la escuela o alguna vecina era sometida sexualmente por el papá o el padrastro o por alguno de los hermanos, y nadie las protegía.

Esa noche, ya muy tarde, las sacaron a patadas de la pieza y las hicieron "trabajar" por primera vez en otros sucuchos. Había mucho olor a vino, a cigarrillo, a humo. Se veía muy poco y la música estaba muy fuerte. Fue horrible.

"Sus leves huesos en cruz /meciéndose en suave luz/ el tipo que la acaricia / y ella novicia llorándose", tomado del tema Novicia, de Víctor Heredia, parece escrito para ellas.

A las dos semanas las separaron a las tres, y ya no volverían a verse. Permanecían unidas por el horror y el espanto.

Les retuvieron los documentos. Cada tanto las atormentaban mostrando la foto de la familia y amenazando con hacer mucho daño a alguno de sus seres queridos ya tan lejanos. Noche tras noche les hacían sentir la humillación.

A Daniela la llevaron a otro lugar y a los 3 meses, a otro; así, cada tanto la cambiaban. Varias cosas ella recuerda como "una vez". Y es así que "una vez" una de sus compañeras logró escaparse. A los tres días la encontraron y "la pagó cara". Le pegaron un buen rato delante de algunas, y otras cosas que la Rusita prefiere no contar. Era castigo para la fugitiva y advertencia para las otras.

En otra ocasión "una vez" escuchó en la radio una propaganda por el Día del Niño y se puso a llorar. Cada tanto le pasaba. Para el Día de la Madre, Día del Padre, Navidad... ¡Cuántos recuerdos arrancados y robados!

Como a los dos años la hicieron quedar embarazada. Así nació Lautaro. Una mujer grande se encargaba de cuidarlo mientras ella trabajaba. Si alguna vez se quejaba, ahora la amenaza era con "la luz de sus ojos".

Dos o tres veces al año caía la policía. Ella nunca supo cómo en esos lugares se enteraban antes y a las que eran más chicas las sacaban rápido en un auto que siempre estaba listo para escapar.

También la obligaron a drogarse y la hicieron adicta para tener un modo más de retenerla y obligarla a "portarse bien" con los clientes. Se acordaba de que cuando "era chica" portarse bien era otra cosa.

Una noche "falló" el aviso o no arrancó el auto, y llegó la policía.

La Rusita tenía 17 años. Algunos de los clientes se fueron. A los "dueños" del local los llevaron presos. No se sabe si por mucho tiempo.

Daniela no se acuerda en qué "casa de tolerancia" quedó su oso "aviador" de peluche. No se acordaba de sus sueños de maestra jardinera o de mirar las casas o los árboles desde el cielo. Había estado viendo la vida y los hombres desde el infierno.

La vergüenza y el miedo son sus compañeros permanentes. La primera le impide volver a casa y encontrarse con su gente. El segundo es por si la vuelven a secuestrar. Le cuesta mucho vencer la adicción. Y como una ventana hacia la esperanza, la mirada y la sonrisa de Lautaro le dan fuerza cada día.

Conoció días y días, horas y horas de pasillos y salas de espera: comisarías, hospitales, juzgados, oficinas, psicólogos, trabajadores sociales... En un par de ocasiones reconoció a dos de sus "clientes". No sabe si ellos la reconocieron.

A los 3 meses el prostíbulo volvió a abrir sus puertas con el nombre "Tus sueños hoy". Y aquí no ha pasado nada. ¿No ha pasado nada? ¿Podemos decir que aquí termina la historia de la Rusita?

Daniela, Maribel, Celeste, Guanda y cientos por año -también varones- son secuestrados con engaño o con violencia, y dedicados a la explotación sexual en las rutas o ciudades para la diversión (?) y el placer (?) de enfermos o sanos cómplices del secuestro, la tortura y la humillación de niños, niñas y adolescentes. Dinero, poder manchado con sangre que brota de los cuerpos frágiles y las ilusiones vulneradas.

De víctimas y victimarios

La trata no es "un tema". Son vidas destruidas. Derechos pisoteados.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Convención Internacional de los Derechos del Niño, la Constitución Nacional, las constituciones provinciales y hasta los libros sagrados de las diversas religiones son tirados al retrete más lleno de excremento con cada niño o niña que es secuestrado y torturado para el comercio sexual.

Durante el año pasado, en operativos policiales fueron rescatadas de las redes dedicadas a la trata de personas 257 mujeres, de las cuales casi 80 eran adolescentes. ¿Es esto todo? ¿O será la punta del iceberg y lo más grueso aún está oculto? ¿Pensaste, lector? Yo pienso lo mismo.

Con ocasión de la reciente sanción de la ley nacional Nro. 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas ha habido excelentes artículos e investigaciones periodísticas que nos acercan esta realidad que nos duele.

Vivimos en una sociedad esquizoide o farisaica. Al decir de Jesús, "filtramos el mosquito y nos tragamos el camello". &ntildeCómo?: prohibimos el uso de animales en el circo para diversión de los niños, pero no se controla y condena el uso de los niños para divertir a algunos adultos; o parece aceptable si son mayores de edad. Qué loco, ¿no? Y, además, a los lugares donde tales cosas suceden se les llama "casas de tolerancia". ¿Puede creerse?

En todo esto hay una "lógica" (?) perversa, que es la de pensar -o aceptar- que la sensación de vacío y soledad o de frustración afectiva de alguno deba ser "consolada" o saciada por una mujer (joven o adulta), obligada a hacerlo por dinero o por violencia.

O que ese "hombre", que suele comer en casa o reunirse con amigos, alguna noche "necesita" que alguien (una mujer) con poca ropa le sirva una copa, y que además por lo que paga esté habilitado para acariciar o reclamar caricia genital u otro sometimiento. Y que esto sea aceptado socialmente como "normal". ¿No será tiempo de proponer y legislar para que quien esta carencia tenga se arregle en casa como pueda? Para esos "hombres" que viven en la ciudad o trabajan en la ruta y se sienten solos y necesitados de afecto, ¿no habrá que pensar en construir en cada estación de servicio de combustible un gabinete psicológico para quien esté deprimido, y una máquina que expenda bebidas y le susurre cosas chanchas al oído? ¿Parece ridículo esto? A mí también. Pero me parece más horrendo lo de ahora.

Al que le quepa el sayo, que se lo ponga. Ya vemos qué producen los cobardes y corruptos.

Y nosotros, los adultos -todos-, debemos cuidar a nuestros pequeños con montones de ternura.

Los peluches deben ser guardianes de los sueños en tiempos de blanca inocencia, pero en casa.

Por Mons. Jorge Eduardo Lozano

El autor es obispo de Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos

 

 
 
 
 

Ocho niños menores de cinco años mueren por día en el país

Medias verdades, pobreza entera

Jorge Lozano
Para LA NACION

 

En este tiempo se han escuchado varias voces acerca de la cuestión de la pobreza en la Argentina.

Con frecuencia se utilizan expresiones que intentan "graficar la idea" que se quiere transmitir. Pero, a mi humilde entender, con el abuso de estas frases hechas se corre el riesgo de ocultar verdades. Así nos encontramos que, para analizar las cuestiones más graves de la vida, los pobres o las adicciones al alcohol o a las drogas, acudimos a "frazadas cortas", "medias bibliotecas", "calzarse los pantalones largos" y "nunca poner el carro delante de los caballos".

Estas expresiones recurrentes, aplicadas arbitrariamente por diestros y siniestros a cualquier cosa, terminan siendo contradictorias, cuando no engañosas. "Yo prefiero mirar la mitad del vaso lleno" es una de esas frases que quisiera comentar.

Mirar sólo una parte del vaso es tan falso como observar la otra. Es que la realidad del vaso es su consideración completa.

Medio vaso implica una mirada ingenua acerca de la realidad, que se pretende analizar por mitades. Como si no hubiera logros y fracasos del 20%, 40% y todos los demás porcentajes ubicados entre 1 y 100. No, se afirma que sólo por mitades.

Es importante analizar cada aspecto en sí mismo, pero vinculado con la realidad total. Veamos algunos ejemplos. De las personas que trabajan, la mitad lo hace de manera formal y las otras de modo no registrado (en negro). Para los primeros implica jubilación, obra social, salario familiar y otros derechos laborales. Para los segundos, no.

¿Nos deja en cero esta mitad y mitad? ¿Y los que no tienen trabajo? ¿Están fuera del vaso y se están subiendo a la lona porque ni siquiera están en ella? ¿O en qué mitad colocamos a los llamados trabajos esclavos en talleres clandestinos, o secuestrados para explotación sexual, o los niños y adolescentes oprimidos por el cartoneo?

Otro caso por considerar: los adolescentes y los jóvenes que no estudian ni trabajan tal vez no sean la mitad. Pero? ¿podemos decir que estamos bien si sólo miramos al 70% que sí lo hace? ¿Estamos en lo correcto si decimos que con más de 500.000 adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan en el Gran Buenos Aires el vaso está casi lleno?

Hablemos ahora de los números de la pobreza.

Es cierto que basta que haya un 1% de pobres para que la pobreza sea un escándalo. Pero los caminos por tomar son muy distintos si los que sufren hambre son cinco o cinco mil, o tal vez diez mil. Y si son cien mil, ¿la olla por conseguir seguirá siendo del mismo tamaño? Pero, si, eventualmente, llegan a quinientos mil o a más de cinco millones, ¿las previsiones por tomar serán las mismas?

Para buscar soluciones a un problema, lo primero es definirlo adecuadamente. Si no, estaremos aplicando un remedio con resultados magros, si no contraproducentes, o inconducentes.

Los números no importan, sino las personas: es cierto. Pero cada índice mayor o menor refleja cantidad de gente que sufre. Salvo que busquemos reflejar con los números intenciones o deseos. En ese caso, el deseo debería ser más ambicioso.

A veces se da una actitud de queja frente a lo evidente o ponerse a la defensiva. Como si la realidad fuera una conspiración contra los responsables de los gobiernos en sus diversos niveles. O reaccionar con un subir y bajar de hombros en actitud de "yo no fui".

El primer paso siempre es ver lo que es, luego ver quién fue, que en general es "quiénes fueron": la dirigencia toda, los que se enriquecieron y llenaron de plata, los que miraron para otro lado, los ineptos, los corruptos de antes y de ahora, los que podrían usar cualquier disfraz ideológico porque todo les sienta bien.

¿Alguna vez de alguien escucharemos decir "me equivoqué" o "lo que pensamos e hicimos no dio el resultado esperado"?

Si los datos se escriben con "medias tintas" es posible que "se dibuje" y nunca estemos mirando la realidad. El "dibu-índice" puede servir para tranquilizar algunos debates. Total? está bueno que nos cuenten historias en las que a toda la gente le va bien, ¿no?

La "verdad a medias" no siempre es media mentira. A veces es mentira completa. Porque si a la realidad se la falsea, se describe otra cosa. Las verdades a medias provocan el doble discurso, y el pensamiento único, que suele ser ausencia del mismo. Relato-ficción: un nuevo género que se cultiva desde el discurso político.

Pero volvamos a la gente. Los pobres acuden a nuestras puertas cada vez con mayor necesidad. Los vemos. No son invisibles, no se esconden detrás de una estadística. "Disculpe, el señor", profetiza una canción popular desde hace más de 15 años.

No se trata de una cuestión dogmática o religiosa. No es que la Iglesia ve 10, los judíos ven 15, los ateos, ocho. El número de pobres no es un botín de guerra. La lucha no es por la estadística, sino por los pobres, para que salgan de la miseria.

La realidad es lo que es. Diez pobres son 10, los miremos de izquierda o de derecha, sea progresista o conservador, oficialista u opositor quien observe. Judíos y cristianos vemos en ellos la imagen y semejanza de Dios vulnerada. Los cristianos de diversas confesiones, el rostro sufriente de Jesús. Con todos los habitantes de este suelo, una injusticia por reparar, derechos no respetados. Y otros dicen fríamente que es el resultado del mercado o una calamidad del destino.

Miremos los porqués.

Las causas de la pobreza están en un sistema económico neoliberal inspirado en el egoísmo y la acumulación de riqueza. El amor al dinero por encima de la dignidad humana. El capital por encima del trabajo y la especulación financiera por encima de la producción.

Es absurdo que uno muera de sed a veinte metros de un aljibe. Es absurdo que niños mueran a causa del hambre viviendo en "el granero del mundo". Sí, ocho niños menores de 5 años mueren por día en nuestro país a causa de la desnutrición; mejor dicho, a causa de la injusticia. Digámoslo fuerte: nuestros chicos se mueren de hambre.

Me duele como hombre de fe que en nuestro país no cumplamos el mandato de Jesús de "amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos". Y me duele como argentino que muchos no han oído aún "el ruido de rotas cadenas", y las que oyen son aquellas que arrastran cotidianamente y que los tienen presos de la indigencia, la mala alimentación, el frío, el hambre, la exclusión, las cadenas por la ausencia de la "noble igualdad". A las puertas de las celebraciones por el Bicentenario es bueno reafirmar nuestro compromiso hacia la justicia y la solidaridad combatiendo la pobreza y la exclusión.

La ausencia del Estado no es sólo responsabilidad del Poder Ejecutivo. También el Poder Legislativo y el Poder Judicial son parte del Estado. Pero además la pobreza es responsabilidad de los empresarios, sindicalistas y otros dirigentes sociales. Y no nos olvidemos de los que usan los planes sociales para presionar a los beneficiarios con fines políticos.

Jesús anduvo siempre entre los postergados de su tiempo. Su mamá, la Virgen María, se mostró siempre apurada para servir. Los santos nos señalan el mismo camino: San Benito, San Francisco, Santa Clara, San Antonio, San Cayetano, Madre Teresa? En América latina hace décadas que las asambleas de obispos proclaman la opción preferencial por los pobres. La preocupación de la Iglesia por ellos no es una cuestión coyuntural.

Hace varios siglos Aristóteles con claridad expresó: "La única verdad es la realidad". Muchos han citado esta frase en estos días. Podemos intentar ocultarla aunque sea parcialmente.

Pero ella, la verdad, siempre estará esperando para que la veamos tal cual es.

Las mentiras verdaderas son verdaderas

El autor es obispo de Gualeguaychú, miembro de la comisión de Pastoral Social.
 


Volver a Pastoral

 

| Última actualización miércoles, 20 octubre 2010 |